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martes

Las creencias inconscientes de la infancia

En este video podrán ver un anàlisis completo de las causas y como curar las creencias que nos inculca la sociedad, básicamente nuestros padres durante nuestra primera infancia.
Se aporta además ayuda para identificar esas creencias y como hacer para curarlas.

El tema no solo será útil para nuestras propias creencias, sino también para quienes son padres, para aprender a no dejar en sus hijos pequeños impresiones y creencias que en su futuro los limitarán y nos les permitirán desarrollar todo su potencial.

El video no tiene desperdicio y fue creado por el Proyecto de Oruga a Mariposa, uno de los más grandes, claros y confiables proyectos de habla hispana.

Disfrútenlo. Aplíquenlo en sus vidas y en la de sus hijos.


miércoles

Anulando el pensamiento negativo

La maraña de pensamientos que tenemos a diario nos abruma, nos estresa y nos desmotiva.

Controlar los pensamientos que son los creadores de la realidad implica ejercer nuestro poder sobre los pensamientos negativos.

Les paso un sencillo ejercicio para anular los pensamientos negativos. Toda vez que algo no deseable venga a tu mente pronuncia la palabra “CANCELADO” tres veces, puedes hacerlo oral o mentalmente. Lo importante es que lo hagas con decisión y firmeza. Le estás dando una orden a tu mente subconsciente, para que no tome ese pensamiento interrumpiendo la manifestación negativa.

Inmediatamente de cancelar el pensamiento, debes pronunciar la afirmación opuesta, la positiva para que ocupe el lugar del pensamiento negativo que cancelas. Si no lo haces, se reemplazará automáticamente por otro pensamiento negativo.

Nuestro poder de acción radica siempre en la mente consciente. Todo lo que nos ocurre es producto de nuestras propias elecciones aunque a veces nos cueste aceptarlo. Muchas de estas elecciones se dan en tan sólo fracciones de segundo y se depositan en nuestra mente inconsciente, donde germinan y luego se manifiestan. Por ejemplo: al visitar a un pariente enfermo, es probable que llegues a pensar: “Esto podría ocurrirme a mí”. En ese instante, se produjo el “contagio”, ese pensamiento se deposito en tu mente como una semilla. De ahí en adelante, cuanto más pienses en la posibilidad de enfermarte, más estarás “regando” la semilla que finalmente dará su fruto, o sea, la enfermedad.

Aplicando a este ejemplo el ejercicio que planteamos , cuando visitas a un enfermo y te asalta el pensamiento negativo de “esto podría ocurrirme a mi”, repite 3 veces con firmeza y decisión, “cancelado” y luego cambia por una afirmación positiva “disfruto de buena salud”. Así evitas el contagio, evitas que se plante la semilla de la creencia, que se manifestará en tu realidad.

Ahora bien, el ejercicio no solo es bueno para controlar nuestros propios pensamientos negativos, que son generadores de creencias limitantes, sino también los pensamientos ajenos. Piensa que todo el día estamos expuesto a los pensamientos negativos de las personas con las que interactuamos, opiniones tales como “la economía del país es un desastre”, “no hay dinero”, “la vida en esta ciudad es cada vez más peligrosa”, “Ya no se puede confiar en nadie”. Cada vez que nos enfrentamos a una persona que opina algo negativo y no queremos que su opinión ingrese en nuestra conciencia, debemos “CANCELARLO”. De igual forma debe procederse con los medios de comunicación. De acuerdo con el principio de mentalismo, todo lo que elegimos pensar y creer es lo que se va a manifestar en nuestra vida; por lo tanto, debemos ser extremadamente cuidadosos respecto de lo que aceptamos como una creencia y, por ello, es importante seleccionar muy bien las fuentes de información.

Para reforzar el efecto de la palabra cancelado, puedes añadirle una imagen, como tachando el pensamiento negativo con una cruz.
Prueba este ejercicio, es sencillo, usa el poder del leguaje y es además muy motivante, porque rápidamente ves los resultados.

Cuando la culpa te inmoviliza

Si la preocupación es una emoción inútil- como ya hablamos en el blog- la culpa no se queda atrás. La culpabilidad es una emoción que inmoviliza- como la preocupación- pero por algo que está en el pasado.
Preocupación y  Culpa son las dos formas más comunes de angustia. Muchos son los que se sienten mal por algo que no debieron hacer y consternados por algo que podría suceder. Estas dos emociones te inmovilizan en el presente. La preocupación por algo futuro y la culpabilidad por algo que ya pasó.¿Y tu presente? Pues, lo vives angustiado por esas emociones inútiles.

Culparte no cambiará nada. Con la culpa gastas tu precioso tiempo presente en algo que ya pasó y que no puedes hacer que desaparezca. Somos máquinas de culpabilidad, diseñadas y cuidadosamente lubricadas con constantes mensajes que nos inducen a caer en la culpa, desde que eramos pequeños.
Hay dos formas básicas de culpabilidad: la residual, que ha sido aprendida desde pequeños y nos queda como un residuo cuando somos adultos. Creo que a todos pueden sonarnos familiares frases como estas: "deberías sentir verguenza por lo que hiciste", "que dirán los vecinos, no te da verguenza", "yo me sacrifico por tí", "nos dejaste avergonzados", "si sigo con tu madre es solo por tí", "si sigues con esa chica/o va a darme un infarto", "haces que me suba la presión", "me enfermaré por lo que estás haciendo". Pero, la culpa va y viene, porque los niños reciben el mensaje y aprenden a manipular con la culpa, porque ven como los adultos consiguen lo que quieren usando la culpabilidad. Les suena esto: " el papá de Juan lo deja hacer eso", "no me quieres, debo ser adoptado" etc.
La culpabilidad es una forma de manipulación primero de los adultos hacia los niños, que luego arrastramos en forma residual y se repiten en la adultez en las relaciones de poder o autoridad (marido, esposa, jefe, gerente) El otro tipo de culpabilidad es la autoimpuesta. Somos nosotros mismos quienes nos imponemos el castigo por haber actuado de una forma que alguien no aprueba. Porque siempre es por eso, lo que hicimos que nos provoca culpa, es algo que otro no aprueba (o la sociedad en su conjunto, o un grupo determinado)
De manera que la culpa en todo caso es una reacción a normas que nos fueron impuestas por la autoridad cuando eramos niños y como resultado de nuestro esfuerzo por vivir a la altura de las normas que aunque no nos convencen, la cultura y la sociedad imponen.

Sentirnos culpables no cambiará lo que pasó. Si bien la sociedad envía constantes mensajes represores,  la culpa nos la imponemos nosotros mismos.  La pregunta es ¿porqué nos imponemos una emoción tan inútil y angustiante? Porque la culpabilidad es una retribución sicológica por si misma, como que nos da permiso para repetir el mismo comportamiento, porque nos absolvemos a nosotros mismos con la culpa. Neutótico verdad?

Entonces,  porqué persistimos en un comportamiento tan negativo? Lo hemos aprendido y costará un poco liberarnos. Es que la culpabilidad retribuye, te atrapa en el pasado y te libera de ocuparte de cambiar tu presente, de asumir riesgos y responsabilidades, y es una excelente forma de manipular y de atraer la compasión de los demás.
La culpa no es una manera natural de comportarse. Es una reacción emocional aprendida que sólo puede ser usada si la víctima le muestra al manipulador que es vulnerable a ella.
Comenzar a liberarse de ella es una tarea de todos los días. Se puede comenzar dejando ir el pasado, que quede bien atrás, tratando de ver que cosas del presente estamos rehuyendo al escondernos tras algo del pasado, aceptando tus creencias, gustos y hábitos sinceramente y sobretodo no buscando la aprobación constante de los demás.
Cuando uno logra vivir sin necesitar ser constantemente aprobado por lo demás, se libera de la culpa. Eso es vivir haciéndose cargo de uno mismo, responsabilizándose por su propia vida.
Por favor, vivan sin culpa.

Niños con creencias potenciadoras

                                   Y sigo con los niños. Es que si alguna garantía tenemos que la humanidad pueda algún día establecerse sobre base más sanas, más solidarias, más prósperas son nuestros niños de hoy. Para eso, es necesario que nosotros comencemos hoy, cambiando nosotros, cuestionando nuestras creencias limitantes, cambiándolas por creencias más potenciadoras de nuestra capacidad interior. Permitiéndonos acceder a la abundancia del Universo, del que somos parte. Y si somos parte de ese todo, participamos de las características del todo. El Universo es armonía, es abundancia, es perfección, es energía en constante y fluido movimiento. Siéntete parte de ese todo, por que lo eres.

Transmitamos a nuestros niños creencias que les permitan desarrollar toda su capacidad, desarrollar al máximo su mente, todo su cerebro, el lado izquierdo lógica, racional pero también el lado derecho, el de la imaginación, la intuición, la creatividad.

                                   Mira cuando el bebé es pequeño, llora si tiene hambre y su mamá lo amamanta o lo da el biberón y el bebé ya no llora. Si está mojado o sucio llora, la mamá lo cambia y ya no llora. Duerme cuando tiene sueño, come cuando tiene hambre, cuando está despierto juega con su imaginación, mira hacia todos lados, descubre los colores, los olores, las sensaciones, toca con sus manitos, levanta sus piecitos. Disfruta de la vida! Que maravilla!
Pero luego, que hacemos los adultos? Empezamos con los “debería ser”. Esos “debería ser” que nos inculcaron a nosotros y que aún conservamos. Hacemos todo como “debería ser”. Y “el debería ser” es solo una actitud para complacer a los demás, para lograr la aceptación de los demás, como si nuestro valor necesariamente tuviera que ser juzgado por otros.

Y eso es lo que inculcamos a nuestros niños: el “debería ser”. Esa necesidad de aprobación que inculcamos a nuestros niños es la generadora de la falta de confianza en sí mismos y de la baja auto estima que desarrollan. Les hemos enseñado –como nos enseñaron a nosotros- a requerir la aprobación de los demás, a ser como “debería ser”.
Es cierto que los niños en los primeros años de su vida necesitan realmente la aprobación y aceptación de algunos adultos que son importantes en su vida, básicamente los padres biológicos o adoptivos. Pero ese sistema de aprobación tendría que fomentar la auto confianza, la auto estima del niño. Que desarrolle confianza en si mismo, para que no cargue toda su vida con “la necesidad de aprobación de los demás”.

                         El acatamiento ciego de los “debería ser” lleva poco a poco al niño a una servidumbre emocional permanente que anula su capacidad de discernimiento, su pensamiento propio. Hacemos que el niño haga lo que se “debe hacer”. Nosotros también hacemos generalmente lo que se “debe hacer”, lo que está bien visto, lo que otros aprobarían.

                         Nuestro niño crece y se llena de “debería ser”. Come cuando se le ordena, juega cuando se le ordena, consulta absolutamente todo buscando ser aprobado, y para llegar a su capacidad propia de pensar y decidir debe atravesar cientos de “no debes hacer esto, aquello y lo otro” y “haz esto y aquello y lo otro”. Estudios científicos han comprobado que hasta los 7 años de edad, a los niños se les ha dicho más de 100.000 veces NO. Cien mil veces!!!

Cuando el niño intenta acordonarse los tenis o colocarse un abrigo, pasar el jabón en su cuerpo, secar el agua con la toalla, etc. está gritando “yo puedo hacerlo solito”; está tratando de desarrollar su potencial, sus capacidades y generando confianza en sí mismo. Cuántas veces hemos impedido ese acto? Cuántas veces le decimos, "yo lo hago tu eres muy pequeño", o " yo lo hago más rápido que tú, estoy apurado, no tengo tiempo que perder".
Y peor aún, cuántas veces le hacemos creer que es El, el que piensa, y decide cuando en realidad lo hacemos nosotros desestimando totalmente su opinión? Acaso no le decimos: puedes ponerte la ropa que desees. Y cuando viene vestido le decimos, pero no ese pantalón no combina con la blusa, quedas ridículo, que dirá la gente si te ve así vestido.No te da verguenza?

                              Dar lo mejor a nuestros niños, no es solo darle cosas materiales y mimos, es necesario para su íntegro desarrollo, para que viva una vida plena, transmitirle confianza, creencias potenciadoras de su capacidad, la aceptación de sí mismo.

Autodefiniciones y etiquetas limitantes

                                 Vivimos rodeados de etiquetas o definiciones. Estamos como clasificados. Ella es gorda, el es malo para el fútbol, yo soy tímida, soy así, soy mala para las matemáticas, siempre he sido así, tengo mal carácter etc. etc. Sren Kirkegaard escribió: "Si me clasificas (o me etiquetas), me niegas".

                                 Cuando tenemos que estar a la altura de la etiqueta que nos clasifica, el ser deja de existir. Pasa lo mismo con las auto clasificaciones, es decir aquellas que nosotros mismos nos ponemos, o que hemos adquirido y estamos convencidos de ellas. Al identificarnos con las etiquetas clasificadoras nos negamos a nosotros mismos, dejamos que nos destruyan y nos limiten y desperdiciamos así todo nuestro potencial de crecimiento.


                                 Todas las auto clasificaciones proceden de nuestro pasado, porque en realidad todo nuestro presente procede de algún pasado. Cada cosa que nos ocurre, o que vivimos actualmente, la generamos en nuestro pasado, con nuestros pensamientos y actitudes pasadas y las creencias que nos fueron inculcando.

Las clasificaciones o etiquetas tienen dos orígenes concretos: los demás y tu mismo. El primer tipo de etiquetas o clasificaciones procede de las demás personas. Nos las colocaron cuando éramos niños y las hemos llevado con nosotros todo el tiempo. Las otras etiquetas las creamos nosotros mismos mediante una elección generalmente para evitar tener que hacer cosas incómodas o difíciles.

Las etiquetas o auto clasificaciones son esos “Yo soy” que hemos acumulado a lo largo de nuestra vida: "Así soy yo." "Yo siempre he sido así." "No puedo evitarlo." "Es mi carácter." Ahí están, esas son las trabas que nos impiden crecer, cambiar y hacer nuestras vida nueva, estimulante y llena de momentos presentes plenos y felices.

La verdad es que cada vez que usamos cualquiera de esas etiquetas o clasificaciones de “Yo soy” estamos diciendo “pienso seguir siendo lo que he sido siempre”. En buen romance, nos negamos al cambio, nos neutralizamos.

Identifica esos “Yo soy” que tienes seguramente muchos de ellos desde tu niñez. Los otros, tu te los pusiste para justificarte o exonerarte de actuar.

Mira estos ejemplos: 1) “yo soy pésimo para las actividades manuales”. este yo soy te evita enfrentar el desafío de desarrollar tus habilidades, o sea, te limita. Tal vez el éxito de tu vida está allí y por eso no lo has logrado: porque tu te etiquetaste como muy malo para las actividades manuales y ya tienes una excusa para no intentarlo. Tal vez, desde niño te lo dijeron y .... tu te lo creíste.

2) “yo soy tímida, reservada, asustadiza” : En vez de enfrentarte con ellos y con el pensamiento autodestructivo que los apoya, simplemente los aceptas como confirmación de tu manera innata de ser. Eliges este comportamiento como una manera de evitar ser asertivo en ciertas situaciones que siempre te han resultado molestas. Estas etiquetas suelen ser un residuo de la infancia en la que había gente que tenía especial interés en hacerte creer que eras incapaz de pensar por ti mismo. Si tienes niños piensa que etiquetas les estás transmitiendo. Ten cuidado, déjalos ser.

Estas auto definiciones o etiquetas nos ayudan a evitar el difícil trabajo de ser diferente de lo que siempre hemos sido. Definimos nuestra personalidad con un "Yo soy" apropiado y todos los comportamientos negativos diciendo que están fuera de nuestro control, como si no pudiéramos elegir.

Las etiquetas nos ponen en un círculo vicioso. “Yo soy poco sociable”; “me gustaría acercarme a esa persona que me atrae”; “me acercaría a ella” ; “no, no puedo”; ¿porqué? “porque soy poco sociable” y empieza nuevamente.

Piensa cuántas etiquetas tienes pegadas en tu ser. Los “yo soy”, son las más comunes, pero en realidad, tenemos muchas otras que nos impusieron, o que elegimos para evitar el desafío, el enfrentar retos, desarrollar nuestro potencial, crecer como personas. Son en definitiva excusas, que nos destruyen y limitan.

Libérate de las etiquetas. Primero identifícalas, luego intenta ser consciente de ellas y proponte cambiarlas. Cómo? Sustitúyelas poniéndolas en tu pasado. “Yo era muy tímido”; “ voy a intentar cambiar”; “enfrentaré mis temores” etc.

Por favor, empieza a liberarte de tus etiquetas, despégatelas del cuerpo, de tu ser, de tu mente. Ah, ...y no etiquetes a los demás.



Sony Atrae la Plenitud.